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Ah? estaba yo, a punto de entrar en un lugar por el que me daba un peque?o escalofr?o el siquiera pasar, aunque fingiera que ya lo ten?a olvidado. Las piernas me temblaban y parec?a que ten?a que concentrarme para dar cada paso, como si no fueran a resistir y fuera a desplomarme all? mismo. Estaba a unos cinco metros de la puerta pero los grandes cristales dejaban ver ?y casi o?r- lo que pasaba dentro. Todo iba como a c?mara lenta y en esos pocos segundos mientras cruz?bamos el amplio pasillo pude ver al ni?o peque?o sentado al fondo con esa gran mata de pelo en la parte superior de la cabeza que contrastaba con una nuca rapada casi al cero, mientras el joven peluquero le daba el mismo acabado a los laterales. Detr?s una se?ora con otro ni?o algo mayor miraban al peque?o con atenci?n; especialmente el ni?o cuyos ojos estaban tan abiertos que no parec?an dar cr?dito a lo que le hac?an a su hermano menor y que probablemente tambi?n ser?a su destino. Y en el otro sill?n, el otro peluquero, el due?o parec?a ser, daba unos retoques con la maquinilla el?ctrica al poco pelo que le quedaba el caballero regordete que ten?a delante.

El zumbido de las dos maquinillas parec?a hacerme entrar en trance, mi inconsciente quer?a pensar que todo eso no era mas que una pesadilla y que no estaba pasando, no pod?a estar pasando, era como en esos malos sue?os en que al despertar uno se da cuenta de lo il?gico de todo lo que pasaba porque … ?qu? hac?a all? una chica como yo, con ese precioso vestidito rosa que me acababa de comprar y con esa hermosa cola de caballo rubia que me llegaba hasta la cintura sentada all?, cuando las chicas como yo estaban all? afuera mirando escaparates sin siquiera mirar hacia el local donde me hab?an obligado a entrar? Ese no era mi sitio, y mi cabeza me dec?a "sal corriendo!" pero mi cuerpo estaba paralizado por el p?nico, ni siquiera entend?a bien por qu? estaba all?… Pero bueno, creo que es mejor que empiece la historia desde el principio.

Acababa de cumplir ocho a?os y el domingo anterior mis padres me hab?an organizado una fiestita de cumplea?os en el jard?n de casa. Estuvimos mis amiguitos, mis primos y yo jugando hasta que anocheci?. Cuando todo acab? apenas si dio tiempo a que me metieran en la ba?era y ca? rendida en la cama hasta el d?a siguiente. Durante la semana hab?a que ir al cole, y luego hacer los deberes as? que apenas si hab?a podido abrir mis regalos. Lo ?nico que me hab?an dejado llevar al colegio era un juego de diademas y cintas de colores para el pelo que me hab?a regalado mi madrina. Ella sab?a lo orgullosa que estaba de mi largu?simo pelo y que me encantaba ponerme adornos y todo lo que encontrara. Cada d?a estrenaba una diadema distinta y me llevaba las otras para jugar con mis amigas.

No pod?a esperar a que llegara el viernes para estrenar todos mis nuevos juguetes con mi hermano peque?o. S?lo ten?a 6 a?os y medio pero era suficiente para darme la r?plica con la pelota o cualquier juego que me inventara. Nada m?s llegar del colegio el viernes, saqu? el peque?o juego de crocket que me hab?a regalado mi t?a. Era tan bonito! las bolas de colores, los aritos para clavar en el c?sped, los martillos gigantes para darle a las bolas y todas esas peque?as se?ales con flechas… estas eran las que le gustaban a mi hermano, o eso parec?a porque no paraba de cambiarlas de sitio o colgarlas de mi pelo sin que yo me diera cuenta. Cualquier disculpa era buena para tirarnos al suelo y revolcarnos para recuperar una bola que no hab?a entrado por su arito. En uno de sus tiros, ya al final de la tarde, no quedaba claro si la bola hab?a llegado a pasar el aro o si se hab?a quedado a medio camino, as? que nos echamos al suelo para comprobarlo in situ. Pegados al suelo el uno casi encima del otro resultaba evidente que ?l hab?a ganado y que su tiro era bueno, as? que le dije que s?, que ?bamos 5 puntos a 7, y que me tocaba tirar a m?. Yo me levant? antes mientras ?l quer?a seguir observando su ?xito, con la nariz pegada al aro, as? que me tir? del pelo para que yo volviera a tumbarme… y cu?l fue nuestra sorpresa cuando vimos que todo el mech?n de pelo se le hab?a quedado en la mano, yo s?lo hab?a sentido un Poc! y no me hab?a dolido, pero era evidente que todo ese pelo estaba en su mano y no en mi cabeza. Instintivamente pas? mis dedos por esa parte, junto a la oreja y me qued? con otro largo mech?n en las manos. No pude mas que dar un alarido de llanto y salir corriendo hacia mi madre que estaba en la cocina. "Mam?, mira! Pedrito me ha arrancado el pelo!

En un primer momento mi madre prest? poca atenci?n, pens? que me habr?a hecho alguna heridita trasteando con mi hermano, pero entonces vio una parte del pelo que me quedaba en la mano y que yo me tocaba la oreja. Me apart? el pelo de la zona para ver lo que pasaba y grito muy alarmada a mi padre "Juan! ven ahora mismo!… que vengas Juan!" Mi padre que estaba en el garaje vino corriendo asustado. !qu? pasa! y mi madre tratando de conservar la calma, le dijo

"Mira".

Para entonces m?s y m?s pelo de mi lado izquierdo se iba quedando en la mano de mi madre. Suavemente me toc? el lado derecho y vio que por ah? no estaba tan mal. Pero nada mas tocarme el lado izquierdo se ca?a m?s y m?s pelo hasta que buena parte de esa mitad de mi cabeza se hab?a quedado sin pelo. Yo no pod?a verlo, ni siquiera me atrev?a a tocarlo pero sent?a esos Poc Poc’s avanzado cada vez que mi madre me tocaba.

Yo no hac?a mas que llorar y llorar, casi ahog?ndome con el llanto al ver que el pelo no dejaba de caer, y aunque no eran tantos cabellos a la vez, siendo tan largo ya empezaban a cubrir el suelo entre mi madre y yo, y algunos ya hab?an ca?do en la mesa de 4 sillas en la que sol?amos comer cada d?a. Mi padre tambi?n se acerc? y con un poco m?s de energ?a comprob? el resto, parec?a que s?lo se ca?a de ese lado pero la cosa ya deb?a verse muy mal. "Hay que llamar a Javier", dijo, y se fue a hablar con su m?vil al jard?n, suficientemente lejos como para que no pudiera o?r lo que dec?a. Javier era un cu?ado con el que mi madre no se llevaba demasiado bien (se hab?a ido de casa repentinamente dejando a su mujer para irse a vivir con la hermana de mi padre), pero en ese momento eso daba igual. Javier acababa de volver de Michigan, de hacer un postgrado en dermatolog?a capilar, y se hab?a especializado en cierta enfermedad que provocaba ?lceras en la cabeza. "Ya viene para aqu?" dijo. Mientras tanto mi madre me hab?a dicho que me siente y me dio un vaso de agua. Cuando mi padre entr? en la cocina ella fue un momento al sal?n y trajo unas tijeras de mango grueso que acababa de comprar para cortar patrones de vestidos. Cuando la vi, con el poco aliento que me quedaba y cubierta de l?grimas grit? como pude

"Nooo!"

pero el llanto me cortaba la palabra y no pude decir m?s. Mi padre que se hab?a sentado en otra de las sillas, puso su mano sobre la m?a, y dijo "Haz caso a mam?", y por un momento me sent? m?s tranquila.

Sin decir palabra mi madre comenz? a cortarme el pelo al nivel de la barbilla, cogi?ndome el pelo muy suavemente, lo justo para que el corte fuera limpio y que cayera al suelo y no sobre m?. S?lo me separ? un poco el pelo de la cara haciendo que cada parte fuera para su lado y continuo cortando. S?lo tard? unos segundos pero a m? me pareci? mucho m?s. Mientras tanto mi hermanito al que le hab?a dado ya curiosidad entr? a la cocina al tiempo que ve?a mi pelo caer tras el paso de las tijeras. "?Por qu? le cortas el pelo mam??" Era a?n peque?o pero sab?a que nunca me cortaban el pelo as?, menos a?n en casa, mi madre s?lo me llevaba un par de veces al a?o a casa de una amiga que me recortaba un poco las puntas y para que yo aceptara ten?a que concederme alg?n capricho. Y como s?lo me cortaba un poquito cada vez ten?a el pelo m?s y m?s largo. Mi madre no respondi?, estaba m?s ocupada tratando de secarme las l?grimas que empezaban a agot?rseme mientras yo no despegaba los ojos del suelo donde ahora hab?a algunas monta?itas de mi pelo. Mi madre se dio cuenta y fue r?pidamente a coger la escoba y el recogedor para quitar todo eso del suelo. Lo meti? todo en una bolsa y la escondi? tras una de las puertas del mueble de la cocina. Mi hermano segu?a esperando su respuesta e insisti? "Por qu? le cortas el pelo? Me vas a cortar tambi?n el pelo a m??… Mam?, te estoy hablando!…". Evidentemente mi madre no estaba con paciencia para mimarle como otras veces pero a?n as? le contest? sin pens?rselo mucho "Vale, ma?ana mismo te llevo a cortarte el pelo". Mi hermano abri? los ojos sin entender mucho, y comenz? a repreguntar que por qu?, qu? donde, que cu?ndo,… que por qu? a m? me lo cortaba ella y a ?l lo iba a llevar a otra parte…pero ya no recibi? m?s respuestas. Esa peque?a charla consigui? distraerme un poco pero no mucho. Cada vez era m?s consciente de que lo que hab?a pasado, aunque no lo entendiera; hab?a sucedido y no se me ocurr?a manera de arreglarlo. Por alg?n motivo, aunque el hecho de que mi madre me cortara el pelo no ten?a vuelta atr?s, en mi interior ten?a la esperanza de que eso fuera el final de la historia, como un castigo por no haberme querido cortar el pelo otras veces y que ahora, una vez recibido el castigo todo volver?a a la normalidad. Ya no hab?a pelo por el suelo, y como yo no me ve?a, no era consciente de la enorme calva que ten?a en una parte de mi cabeza. En ese momento, lo que yo ve?a era s?lo pelo cortado que me ca?a hasta el ment?n y pensaba en las otras ni?as de mi colegio que lo llevaban as?.

No s? cuanto tiempo pas? mientras todo eso pasaba por mi cabeza hasta que el Dr Javier ?as? le llamar?a yo de ah? en adelante- entr?. Sin hacer muchos aspavientos ni preguntas que pudieran agravar la situaci?n me mir? por encima, luego me levant? el pelo por los lados para ver la gravedad del asunto, aunque deb?a ser ya muy evidente, e hizo peque?os tirones que causaron m?s Poc Poc’s y que me devolvieron al estado de p?nico que ten?a unos segundos antes. Fue avanzado por mi nuca, ya no hab?an Poc’s pero sent?a una sensaci?n extra?a. El Dr. Javier presionaba con sus pulgares, y se acercaba a ver de cerca el resto de mi cabeza. Luego se acerc? muy tiernamente y me dijo, "Siento que te haya pasado esto linda,… tus pap?s y yo haremos todo lo posible para que est?s bien pronto". Luego sali? hacia el sal?n y mi padre fue tras ?l, debieron salir de la casa porque yo no o? nada de lo que hablaron, s?lo al despedirse mi madre y yo o?mos que dec?a, "bueno, entonces hasta el lunes a las 5pm". Mi padre entr? con un papel en la mano y dijo "voy a buscar una farmacia para comprar estas cosas" y sali?.

Durante esa media hora no dije nada, esperaba que alguien, mi madre, mi explicara qu? hab?a pasado y, lo m?s importante, cu?ndo y c?mo se iba a arreglar todo eso. Pero nada, mi madre deb?a estar en estado de shock como yo, no sab?a qu? hacer ni decir, luego empez? a decir lo que cualquier madre dir?a, que no me preocupara, que seguro que el Dr. Javier me iba a curar, que pap? ya hab?a ido a la farmacia… en fin. Los silencios s?lo se interrump?an con las preguntas que de vez en cuando hac?a mi hermano que estaba a?n m?s confundido; me hab?a visto la calva cuando el Dr. me examinaba y aunque ahora estaba medio cubierta por el pelo restante, empezaba a darse cuenta que eso no era nada normal, ni eso, ni que mam? no le hiciera caso ni cuando quer?a empezar una rabieta para llamar la atenci?n, ni que estuviera todo tan callado y triste.

Esa noche mi madre no consigui? pegar ojo. Luego supe que de tanto en tanto iba a mi habitaci?n a verme, recogiendo cuidadosamente los mechones que iban cayendo a la almohada. Por la ma?ana ya no ten?a casi nada sobre la cabeza. Mi madre se me acerc? cuando yo empezaba a despertar y me un beso muy amoroso. Cuando record? lo que hab?a pasado el d?a anterior, y esperando que fuera una pesadilla me toque la oreja y comprob? que segu?a sin pelo ah?… y que no hab?a nada tampoco m?s arriba, ni m?s arriba,…Con cuidado me cogi? esa mano y me dijo, "Hijita, durante la noche tu pelo se ha ido cayendo y casi no queda nada, pero no te preocupes que el Dr. te va a curar". Yo empec? a llorar otra vez, la noche anterior hab?a llorado hasta quedarme dormida y ten?a unas enormes ojeras. Me levant? temblorosamente y me acerqu? al espejo que estaba sobre la c?moda. No me reconoc?a. Ten?a unos liger?simos mechones que a?n me quedaban desperdigados por ah?, y nada m?s. Mi madre sac? del bolsillo del delantal una peque?a tijerita y me dijo que me cortar?a ese pelo que quedaba. Yo ya no ten?a fuerzas ni para contestar. Cogi? uno a uno los mechoncitos y los cort? tan al ras como pudo. Algunos se le quedaron en la mano sin necesidad de cortarlos. La piel de mi cabeza estaba blanqu?sima, la forma de mi cabeza me parec?a muy rara y hasta mis ojos me parec?an diferentes.

Mi madre baj? a la cocina a hacer el desayuno y me dijo que si quer?a bajase y si no que me lo subir?a. Estuve ante el espejo por lo menos una hora, tratando de reconocerme en esa extra?a figura que ten?a delante. Finalmente me atrev? a tocarme la cabeza, estaba casi completamente lisa, aunque con una textura extra?a, salvo los lugares en que mi madre hab?a pasado la tijerita y que pinchaban un poquito. Encontr? un pelillo m?s largo que mi madre no hab?a visto, y cuando fui a cogerlo se escurri? entre mis dedos. Las l?grimas volv?an a brotar de mis ojos, me sent?a como en esos mundos paralelos de las pel?culas en que el protagonista ve que todo se parece mucho al mundo real pero que en realidad todo es muy diferente, y en mi caso, lo principal era que no encontraba el camino de vuelta al mundo que tan s?lo un d?a antes era mi hogar.

Una semana despu?s, y tras mil y un pruebas con el Dr. Javier, mi madre decidi? que ya era hora de volver al colegio. Hizo bien en no dec?rmelo hasta la noche anterior porque desde ese momento mi cabeza se volvi? un torbellino. ?qu? iban a pensar mis compa?eros? y mis profes? qu? historia puedo inventar para explicarles todo esto? Me despertaba continuamente durante la noche. Me imaginaba a m? misma entrando en el patio del colegio y a todo el mundo girando para mirarme y cuchichear sobre m?, ri?ndose y se?al?ndome con el dedo. Fue muy dif?cil ese primer d?a, y todo el primer mes, pero no tanto como yo hab?a anticipado. Durante la semana previa a mi vuelta mi madre hab?a ido al colegio, hablado con mis profesores y con el director, y ellos a su vez hab?an hablado con mis compa?eros. Hab?an hecho una estupenda labor: les explicaron que ya estaba yo pas?ndolo suficientemente mal como para que ellos me lo hicieran pasar peor. Y la verdad es que la mayor?a fueron muy comprensivos, pero claro, tambi?n hay que tener en cuenta que incluso tus mejores amigas pueden tener mucha curiosidad. Apenas ten?amos 8 a?os y nunca hab?amos imaginado que algo as? pudiese pasarle a alguien.

Con el tiempo pude volver a cierta clase de normalidad, o lo m?s parecido que pueda haber, teniendo en cuenta que mi vida hab?a cambiado por completo y todo me hac?a recordarlo, empezando por el regalo de mi madrina. Mi madre fue muy cuidadosa y fue ocultando todo lo que pudiera hacerme recordar lo que hab?a perdido. Pero claro, eran demasiadas cosas, algunas inevitables; por ejemplo en el supermercado antes me encantaba acercarme a la secci?n donde venden shampoo y oler todos los frascos, y ahora ni siquiera me acercaba. Luego cada vez fue menos dif?cil pero no por ello me olvidaba de lo que me pasaba, la gente me miraba por la calle, alguna ni?a me se?alaba o alguien chocaba conmigo y me hac?a temer que se me cayera el pa?uelo que llevaba puesto.

Mi madre siempre se port? muy bien, brillante dir?a yo, siempre me apoyaba mucho y me ayud? a darme cuenta que lo ?nico que hab?a perdido era el pelo, y que yo era bastante m?s que eso. Tres a?os despu?s, y en plena adolescencia yo vest?a muy a la moda, llevaba unos pa?uelos muy bonitos que ella me ayudaba a elegir e incluso ella ven?a con mis amigas al centro comercial de compras. Ella siempre fue muy moderna y se llevaba muy bien con todas. Lo pas?bamos genial. Yo estaba orgullosa de ella, era la m?s guapa de entre todas las madres de mis amigas. Recuerdo que mi "tragedia" sucedi? un viernes, y el lunes siguiente a primera hora se fue a la peluquer?a y se cort? el pelo. Ella sol?a llevar el pelo largo, por supuesto no tanto como el m?o, pero al menos 10cm por debajo del hombro y volvi? con una melena corta, de esas que van con la nuca rapada. No dijo nada, ni yo tampoco, pero intercambiamos unas miradas de complicidad que nunca olvidar?. Nunca me dijo que lo hubiera hecho por m?, aunque yo creo que s?, y mucho despu?s cuando se lo pregunt? me dijo "pero qu? dices, es que acaso no te gusta?" regal?ndome una amplia sonrisa mientras lo dec?a. Y debo reconocer que estaba guap?sima y muy sexy; era una de las pocas cosas buenas que resultaron de toda esta historia.

Pasaron a?os y la cosa no cambiaba, en los primeros a?os probaron mil y un tratamientos conmigo, pastillas, brebajes y hasta inyecciones de cortisona en el cuero cabelludo, pero nada parec?a hacer el m?s m?nimo efecto (bueno, estas ?ltimas s? que ten?an un efecto: en los dos meses de dolorosas inyecciones sub? 10 kilos que por suerte perd? al acabar el tratamiento). Con el tiempo prefer? dejar los tratamientos al m?nimo y hacerme a la idea de que quiz? nunca volver?a a tener pelo. En su momento el Dr. Javier nos explic? que yo padec?a una rara afecci?n de la que s?lo sab?an que sol?a presentarse antes de la adolescencia y salvo algunos casos en que la enfermedad remit?a por s? sola, los progresos sol?an ser peque?os. S? que mi madre le pregunt? por la conveniencia de comprarme una peluca pero el Dr Javier no era partidario de ello a mi edad pues los ni?os a veces juegan con brusquedad y eso s?lo resultaba en que el ni?o afectado estuviera m?s preocupado por conservar la peluca en su sitio que en divertirse, y terminaba convirti?ndose en mayor fuente de complejo que la calvicie misma. Con el tiempo yo me hab?a acostumbrado a mi aspecto, y mis amigos tambi?n. Si ?bamos a la piscina yo llevaba mi pa?uelo al llegar pero me lo quitaba al entrar al agua y me olvidaba del asunto.

Y cuando tuve 16 la cosa cambi? otra vez. Sin cambiar el tratamiento me empez? a salir una pelusilla en ?reas concretas. Eran s?lo unos pocos c?rculos de pelo, si es que as? pod?a llamarse, pero que contrastaban claramente con el resto. Al principio crec?an muy lentamente y tardaron unos 3 meses en crecer apenas medio cent?metro. Lo bueno hubiera sido que al menos me salieran por toda la cabeza, pero no, s?lo eran unos c?rculos que me daban feo aspecto. As? pues, tras esos tres meses mi madre compro una maquinilla el?ctrica para el pelo y me cort? toda la pelusa que me hab?a salido. A partir de entonces cada mes o menos mi madre me dec?a

"Si?ntate que voy a traer la maquinilla"

Se volvi? casi una rutina, que no me resultaba nada agradable. Ya me hab?a acostumbrado a mi cabeza vac?a, no me hac?a falta que me saliera esa pelusa que mi madre ten?a que rapar cada vez con m?s frecuencia. Un a?o despu?s observ? que esa pelusilla se volv?a m?s gruesa y eso me dio algo de esperanza; al raparla, las puntitas pinchaban y cada vez me sal?an en m?s sitios. Por supuesto cada vez hab?a que rapar m?s partes pero ahora era distinto. Con un poco de suerte era el principio de la recuperaci?n. Me decepcion? un poco el que el Dr. Javier le dijera a mi madre que no me diera muchas esperanzas, porque pod?a volver a caerse todo, pero yo manten?a la fe. En alg?n momento ya ten?a pelo en casi toda la cabeza, aunque con grosor desigual, que mi madre religiosamente rapaba cada dos semanas. Cuando el grosor se igual? por todas partes me dej? un mes sin rapar ?qu? cambio! ten?a pelo! pero eso no hizo bajar la guardia a mi madre.

Durante los 6 meses siguientes, siempre la primera semana de cada mes, mi madre me llev? a la peluquer?a para que me raparan la cabeza; supongo que quer?a asegurarse que eso era definitivo antes de que me hiciera ilusiones. Las dos ?ltimas veces fui un poco a disgusto, pero confiaba en mi madre y ella siempre hab?a hecho lo mejor para m?. No s? exactamente lo que me disgustaba, quiz? ese aspecto poco femenino de la peluquer?a, quiz? que estaba en el centro comercial y mucha gente pod?a verme al pasar, no s?, pero en el fondo estaba feliz de que mi disgusto fuera nuevamente porque no quer?a cortarme el pelo y no que no tuviera pelo que cortar. Era evidente que desde el principio mi madre hab?a hablado con antelaci?n con el due?o, porque nada m?s llegar me invitaba a sentarme en el sill?n (ten?amos hora fija) y en cinco minutos estaba hecho.

Desde entonces nunca m?s me llev? a cortarme el pelo, mi pelo creci? fuerte y vigoroso, mucho m?s fuerte y grueso que cuando era ni?a. De peque?a mi pelo era largo y sedoso pero muy fino, sin casi volumen. Ahora ten?a much?simo pelo y cuando tuve lo suficiente para una coleta me di cuenta que los pasadores normales sol?an quedarme peque?os. Al principio mi pelo no ten?a forma alguna y estando corto se notaba mucho pero luego al crecer ya era menos evidente, y mi madre nunca me sugiri? recortarlo. Supon?a que tarde o temprano yo misma lo har?a, pero no fue as?. Durante los 8 a?os siguientes mi pelo creci? much?simo, as? que en poco tiempo mi melena me lleg? casi a la cintura. Durante los ?ltimos dos a?os mi madre me hab?a insinuado que deber?a retocarme el pelo un poco, llevaba todo ese tiempo sin cortar si quiera las puntas y estaban abiertas por varios lugares. Yo le dec?a alegremente que me encantaba el pelo largo y que mi pelo estaba perfectamente, siempre con una amplia sonrisa de aparente seguridad, pero en realidad me daba un escalofr?o cuando me lo dec?a. Incluso cuando hac?a limpieza general y aparec?a la vieja maquinilla me daba una taquicardia con el temor oculto de que mi madre quisiera usarla conmigo. Y cuando ?bamos al centro comercial, yo era perfectamente consciente de que no pod?a mirar hacia esa peluquer?a, hac?a como si no existiese y lo mismo con cualquier otra que hubiera por el camino. Confiaba en que mi madre no se diera cuenta de esta fobia que hab?a desarrollado, era uno de mis pocos secretos hacia ella, pero no estaba segura de haberlo conseguido.

Mi hermano estudi? derecho y cuando acab? la carrera mi madre le prepar? una fiesta para celebrarlo. Plane? cuidadosamente todo lo que iba a preparar, las bebidas que se tomar?an, lo que deb?a comprar y el regalo que iba a hacerle. Se encarg? de llamar a todos sus amigos e invitarlos para la fiesta. El cre?a que habr?a una peque?a celebraci?n familiar pero no con todos sus amigos. Mi hermano no llegar?a hasta el d?a previo a la fiesta as? que nos daba tiempo de hacer todas las compras con tranquilidad sin que el viera los detalles. Fuimos al centro comercial con la larga lista, y al entrar mi madre la mir? de nuevo para ver la ruta m?s apropiada. Yo la segu?, mientras pensaba qu? pod?a yo comprarle a mi hermano.

De pronto, nos detuvimos. La peluquer?a que yo nunca hab?a conseguido olvidar estaba cruzando el pasillo. Seguro que era una casualidad y lo que mi madre quer?a era comprar en la tienda junto a la que est?bamos pero en un segundo mi boca se sec?, y parec?a que ten?a cinco corazones latiendo dentro de m?. Y aqu? volvemos al inicio de mi historia.

Con un gesto mi madre me se?al? la peluquer?a y me puso la mano en la espalda empuj?ndome levemente para cruzar el amplio pasillo. Por primera vez en a?os miraba en su interior, y fue cuando vi al corpulento caballero que estaba junto al cristal y a la se?ora con sus dos ni?os, uno de los cuales ya estaba a merced de la maquinilla y la navaja. Era un local que me resultaba un poco l?gubre, era un unisex, pero m?s bien parec?a una peluquer?a de caballeros. En otro tiempo lo fue, y cuando decidieron cambiarla, hicieron poco por la decoraci?n. Mi padre siempre fue all?, y mi madre llevaba yendo all? desde que yo era peque?a.

En esos pocos metros hasta la puerta sent? que me bajaba la tensi?n, mis piernas flaqueaban y mi est?mago se revolv?a. Durante a?os ni siquiera pod?a mirar el interior, y ahora, sin saber c?mo y sin previo aviso deb?a entrar, y no sab?a para qu? exactamente. Era claro que no era para acompa?ar a mi madre en su corte de pelo habitual pues apenas una semana antes ya lo hab?a hecho, y por cierto se lo hab?an dejado m?s corto de lo normal. Yo iba delante as? que fui yo la que empuj? la puerta para entrar, la puerta parec?a pesad?sima y mis piernas necesitaban una orden espec?fica de mi cerebro para avanzar cada paso. Mi madre se sent? en un asiento y tuvo que se?alarme el asiento para que yo hiciera lo mismo. Mis ojos fueron s?bitamente al ni?o del sill?n izquierdo; el peluquero despejaba con gran rapidez los laterales, que dejaban a la vista una piel blanqu?sima, y poco despu?s dej? menos de un cent?metro de pelo por arriba, luego cogi? espuma y la navaja y termin? su trabajo. El ni?o mostraba una gran resignaci?n al bajarse del sill?n mientras el peluquero sacud?a la capa e invitaba a subir al sill?n al hermano mayor. De repente volv? la mirada al otro sill?n, los dos caballeros hablaban y se desped?an. Mi madre no hab?a dicho una palabra mientras est?bamos all? y lo siguiente que vi fue al due?o del local, un cincuent?n de aspecto distinguido, invit?ndome con la mano a sentarme en su sill?n. y diciendo,

"Bueno Julia, es tu turno".

En ese momento mi madre habl? por primera vez, y viendo mi cara de estupor me dijo sencillamente

"Anda sube, que ya est? todo preparado".

Todo preparado? Qu? es lo que hay que preparar? Y c?mo es que este se?or sab?a mi nombre? En ese momento me di cuenta que estaba acorralada, probablemente mi madre hab?a hablado con el peluquero la semana anterior y lo hab?a planeado con ?l. Ve?a una enorme traici?n de parte de mi madre que no llegaba siquiera a creer. Ya sab?a que quer?a que me cortara las puntas, o quiz? algunos cent?metros m?s pero ?por qu? me estaba haciendo esto casi a la fuerza? Delante de m? se exhib?an muchas tijeras y peines, mil y un artilugios, y varios cables que colgaban del secador y de varias maquinillas. Por un segundo me entr? un escalofr?o mayor, pero no pod?a ser, mi madre no me rapar?a de nuevo sin motivo. Antes de darme cuenta ten?a la larga capa blanca alrededor de mi cuello, y cubri?ndome casi hasta los pies, como hace a?os. El peluquero me quit? la goma que sujetaba mi pelo y eso me dio cierto alivio. Mi amiga se hab?a hecho un corte dr?stico hac?a unos meses y me cont? que el peluquero hab?a empezado por cortarle el pelo por encima de la goma para d?rsela despu?s (yo hab?a buscado una disculpa para no acompa?arle pero recordaba cada detalle del relato como si hubiera estado presente). Si me ha quitado la goma es que s?lo me cortar? un poco las puntas, qu? alivio, quiz? no sea tan malo despu?s de todo, mejor intento tranquilizarme, no vaya a ser que me mueva y tenga que cortarme otro poco.

El peluquero me cepill? con cuidado el pelo y luego separ? la capa inferior del resto del pelo que luego sujet? firmemente con unas pinzas en la parte de arriba de la cabeza. Record? que no era as? como me cortaban las puntas cuando era peque?a, no se hac?a en capas, pero bueno, ahora tengo mucho m?s pelo que antes, y de todos modos esa amiga de mi madre no era peluquera de profesi?n, as? que intent? relajarme mirando por el espejo al ni?o de mi izquierda, que para entonces s?lo ten?a pelo por encima de las cejas, y el resto totalmente afeitado. La madre ya se desped?a cuando o? un Click!. No pod?a creerlo, el peluquero acababa de encender la maquinilla y me la estaba pasando ya por la parte baja de la nuca. Brrr, Brrr y m?s Brrr. Mi boca estaba tan seca que dif?cilmente podr?a haber dicho nada. Estaba presa del p?nico, ni siquiera respiraba. El peluquero necesit? varias pasadas para dejarlo como quer?a. Me solt? el pelo de nuevo, lo volvi? a separar y repiti? la operaci?n con otra zona de m?s arriba, tras cambiar algo en la m?quina. Yo no ve?a el pelo caer pero sab?a perfectamente lo que esas maquinillas pueden hacer y continu? as? cada vez m?s arriba. Yo me hab?a vuelto muda, intentaba atravesar el espejo con la mirada por si con ello pod?a ver lo que me estaban haciendo. Luego dividi? mi pelo en secciones, las enroll? y las cogi? con pinzas. Cogi? el mech?n de mi lado derecho y lo cort? en diagonal en la l?nea de mi mand?bula, aunque el pelo m?s largo no me llegaba ni a la boca. Y luego lo mismo del otro lado. En unos segundos hab?a visto caer mechones largu?simos de mi pelo al suelo. Y me vinieron a la mente esas tijeras de cortar tela de mi madre y esa misma sensaci?n de estupefacci?n. Luego estuvo mucho rato cortando y recortando por detr?s, un tiempo que me pareci? interminable. Sent?a las tijeras y el peine muy cerca de mi cabeza. Durante todo ese rato me volvieron a la cabeza mil y un recuerdos de mi infancia, los tratamientos, y las veces que vine a este mismo sitio a ser rapada. Volv? a la realidad para darme cuenta que hab?a encendido una maquinilla peque?a para pasarla por detr?s. Luego us? un poco de espuma y la navaja para quitar el pelo sobrante -?quedaba algo?- de la parte m?s baja de la nuca. Finalmente con un secador y un cepillo dej? muy lisos los mechones delanteros.

"Est?s lista" dijo. "Si quieres puedo cortarlo m?s, pero creo que as? est? perfecto. A usted qu? le parece?" dijo dirigi?ndose a mi madre.

"No creo que nadie pudiera haberlo hecho mejor. Mi hija es preciosa pero no la hab?a visto tan guapa en a?os. Cu?nto te debo?"

"Nada se?ora, su familia ha sido cliente nuestra desde siempre y este corte ha sido todo un placer. Tendr? que venir cada 4 o 5 semanas para un repaso y ya le cobrar? lo habitual. Pero esta vez invito yo"

y luego dirigi?ndose a mi con un espejo que puso detr?s de m? me pregunt?.

"Y bueno, a ti, que eres la m?s importante, ?qu? te parece?. Ya s? que esta vez ha sido toda una sorpresa, pero espero que finalmente veas que este regalo que te ha hecho tu madre ser? uno de tus mejores recuerdos, y que no olvidar?s nunca este d?a"

Mir? fijamente mi imagen en ese espejo redondo, gire lentamente la cabeza para un lado y para el otro y luego me mir? en conjunto. Finalmente pude decir algo y dije:

"Es perfecto. Realmente magn?fico. Muchas gracias. Lamento no haberme sentado aqu? en todo este tiempo. Vendr? cada mes".

Y as? lo hice. Desde entonces no s?lo miraba a mi peluquero cada vez que pasaba por ah? sino que ped?a mi cita mensual con mucho entusiasmo. Mi madre siempre lo supo y no par? hasta que consigui? quitarme ese ?ltimo trauma infantil. Desde entonces invitaba a mis amigas a acompa?arme y que vieran como me cortaban el pelo, y estaba siempre d?ndole ?nimos y valor a cualquiera que tuviera miedo a sentarse en ese sill?n.

Realmente fue el mejor regalo de mi vida.

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